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¡¡ SE VA UN GRANDE DEL DEPORTE MEXICANO !! PDF Print E-mail
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Sunday, 09 May 2010 15:19

Capilla que tenía 81 años de edad, fue el máximo medallista olímpico mexicano de todos los tiempos con cuatro preseas en tres justas.

Los ex clavadistas y también medallistas olímpicos Fernando Platas, Jesús Mena y Tatiana Ortiz acudieron a despedirse del personaje al que admiraron cuando niños, al igual que otros ex atletas como la pesista Soraya Jiménez, primera medallista de oro mexicana de la historia.

''Cualquier persona que quiere ser clavadista quiere ser como él'', dijo Mena, medallista de bronce en plataforma de 10 metros en Seúl 1988. ''Joaquín le dio gloria no sólo a los clavados sino a todo el deporte mexicano. Era un amigo, un maestro... el más grande de todos''.

En Melbourne 1956, Capilla ganó un oro y un bronce. Además había logrado una plata en Helsinki 1952 en la prueba de plataforma y un bronce en Londres 1948 en plataforma individual. Era el tercer saltador ornamental con más preseas olímpicas, detrás de los estadounidenses Greg Louganis (cinco) y Pat McCormick (cuatro) .

''Estoy muy, muy triste porque se va el máximo ganador de medallas, que fue un ejemplo y una institución en el país'', dijo la ex clavadista María José Alcalá.

El año pasado Capilla fue condecorado por su trayectoria con el Premio Nacional de Deporte, el máximo galardón que otorga México a sus atletas.

Capilla Desde la plataforma, los diez metros que separan la sensación de vértigo del triunfo y los sueños, parecen veinte. A los doce años, Joaquín Capilla rompió la barrera de la altura y comenzó una carrera de perfección que al paso del tiempo terminaría como el mejor clavadista mexicano de todos los tiempos, así como el máximo medallista olímpico nacional con dos de bronce (Londres ’48 y Melbourne ’56), una de plata (Helsinki ’56) y una de oro (Melbourne ’56).

Nació el 23 de diciembre de 1928 y desde muy pequeño comenzó a nadar en el Deportivo Chapultepec al lado de su hermano Alberto, sobre lo cual recuerda “siempre quedaba en octavo lugar porque sólo había ocho carriles; si hubieran existido nueve, habría acabado en noveno.”

Mario Tovar, su entrenador y “segundo padre” fue quien lo llevó de las albercas a los trampolines. Sorpresivamente Capilla ganaba todo. Primero los campeonatos interclubs, luego a nivel Distrito Federal y nacional, con lo que obtuvo el derecho de ir a los Juegos Centroamericanos de Barranquilla, Colombia en 1946. Una vez más venció a los favoritos y se vistió de oro.

El siguiente reto era ganar en Estados Unidos, potencia en la especialidad la cual había conquistado todas las medallas de oro olímpicas. Capilla no alcanzó ninguno de los ansiados metales. Terminó cuarto, detrás de los estadounidenses, pero consiguió un gran aprendizaje: cambió toda su técnica, desde cómo caminar en la tabla, hasta la manera de girar y controlar la entrada.

 Con ello, aumentó el grado de dificultad de sus clavados y comenzó la leyenda al subir por primera vez a un podio olímpico en Londres, con una de bronce. “El que gana no es el que se echa el mejor clavado, sino el que menos falla.” Eso era lo que tenía en mente en cada una de sus competencias. De esta manera y con la perfección como objetivo de todos los días, el joven Joaquín ya no dejaría de subir a recibir los preciados metales en ninguna de las futuras competencias. Todas de oro en Juegos Panamericanos hasta llegar a lo más alto en Melbourne, donde además había sido abanderado de la delegación olímpica mexicana.

A los 79 años, tiene esos momentos vivos en el corazón y los platica con gran alegría. “Es inolvidable. Lo recuerdo como si fuera ayer. Es una cosa tan arraigada a uno que no se le olvidan los detalles.” Cuando iban a anunciar quién sería el campeón olímpico ya lo querían alzar en brazos. Sin embargo, Capilla pidió prudencia, ya que cuatro años antes habían festejado antes de tiempo. “Pero esta vez, estaba sentado con mi bata cuando se escuchó: and the olympic champion in the ten meter platform... Joaquín Capilla! Ese soy yo –gritó–, abracé a mi hermano y nos tiramos al agua.” Mario Tovar, que cada vez que su alumno recibía una medalla, solamente le decía “está bien pero lo puedes hacer mejor” en esta ocasión reconoció que había entrenado al mejor: “Está bien, ya se lo merecía.” Se abrazaron y dejaron salir las lágrimas. “Porque se llora de felicidad.”

Fue un triunfo histórico ya que nadie le había ganado a los estadounidenses en 45 años, por lo que la premiación estuvo a cargo del presidente del Comité Olímpico Internacional.

El presidente Adolfo Ruiz Cortines lo nombró “ejemplo de la juventud” y su fama fue tanta que llegó a las pantallas grande y chica con la película Paso a la juventud de Gilberto Martínez Solares, en 1958, en la cual fue interpretado por Joaquín Carrillo; y en 1968 en el documental para televisión México en el futbol, dirigido por Luis Carbajo, que consta de una serie de entrevistas con deportistas.

Hoy, la fosa de clavados del Centro Deportivo Olímpico Mexicano lleva su nombre y todavía es homenajeado una y otra vez por haber puesto el nombre del país en lo más alto. Joaquín Capilla: leyenda, gloria, ejemplo y figura que escribió el mejor de los episodios de nuestra historia deportiva, literalmente con letras de oro.

“Tenía un sueño maravilloso: el de ser campeón olímpico. Sólo el que tiene ese sueño puede lograrlo. Uno hace cualquier cosa por ese pedazo de metal.”

JoaquínCAPILLA

 

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